Separar ambientes y zonas de casa sin tabiques

La distribución de los espacios a la hora de plantear una vivienda es una tarea esencial.

Diría, incluso, que de las más importantes ya que de ella dependerá el uso y la funcionalidad que un hogar va a tener y el tipo de vida que sus habitantes harán en ella.

La forma en que las casas, con sus diferentes estancias y habitaciones, se han ido distribuyendo ha ido cambiando a lo largo de los años. En décadas anteriores, lo más común era compartimentar mucho las viviendas en general. Crear un gran número de habitaciones estancas, diferenciadas e individualizadas a través de tabiques. Esto incrementaba hasta el valor del propio piso.

Ahora, la tendencia es exactamente la contraria. Se aprecian y valoran más las viviendas que no pecan de un exceso de compartimentación. Ya no se llevan las casas que, a pesar incluso de no disponer de muchos metros cuadrados, cuentan con tres o cuatro dormitorios, por ejemplo, más una cocina aislada y dos baños diminutos. La forma en que percibimos, vivimos y valoramos los espacios ha evolucionado y ahora, la amplitud y la capacidad de circulación sin obstáculos por una casa, prima mucho más que la tendencia anterior.

Esto ha provocado, por tanto, un cambio en el concepto de hábitat. De hecho, gran parte de los reformas actuales en viviendas se centran en el derribo de paredes, de tabiques, para unir estancias y crear zonas abiertas y diáfanas en las que todo acaba estando conectado. Mejor tener dos dormitorios de tamaño generoso, que tres o cuatro pequeños. Y mejor, por ejemplo, disponer de una cocina abierta al salón principal en la que poder disfrutar y compartir mientras se está entre fogones. Ya no importa tanto el número de estancias, como la calidad de las mismas.

No obstante, este cambio radical en la forma de vivir en el hogar, no significa que los espacios, a pesar de estar conectados, no puedan y deban diferenciarse de alguna manera. Decorativamente hablando existen recursos y trucos que nos posibilitan distinguir unas zonas de otras y separar ambientes, sin la necesidad de levantar una pared entre ellas. Vemos los tres más recurrentes dentro del sector:

 

Empleo del color

Una herramienta como la pintura puede ser esencial a la hora de marcar, de diferenciar, unas zonas de casa de otras. En una vivienda en la que, por ejemplo, la cocina está abierta al salón podemos pintar las paredes de ambas estancias en diferentes tonos y –de esta manera- dar a ambas una lectura y un significado completamente diferenciado. La pintura, por cierto, no sólo puede aplicarse en las paredes. También, por qué no, en suelos y/o techos. Así también lograremos una clara división física entre espacios que nuestros ojos y cerebro traducirá como elemento divisor.

 

Materiales y revestimientos

Otra forma de separar y diferenciar ambientes es empleando distintos tipos de materiales o incluso papeles decorativos de pared. Por ejemplo, instalando un suelo diferente según estancias conseguiremos crear una línea divisoria entre ellas y –por tanto- dejar patente dónde acaba una y comienza la siguiente aunque no exista una pared física entre ellas. El cambio y combinación de materiales se puede aplicar también en paredes, en mobiliario de obra o, incluso, en áreas concretas dentro de una misma estancia para diferenciar espacios de uso.

 

Mobiliario

Esta es quizás, la forma más flexible y fácilmente reversible de separar ambientes, estancias o zonas sin necesidad de tabicar. Si el acceso a una vivienda, por ejemplo, queda muy abierta a la zona de estar principal de la misma podemos colocar entre ambas una estantería abierta que haga las veces de elemento divisor (sin entorpecer el paso de la luz natural y la circulación fluida) y de apoyo para dejar enseres o almacenar libros u objetos. Un servicio similar prestan otras piezas como los biombos, las consolas o aparadores, las cortinas o mamparas movibles e incluso las alfombras. Estas últimas, por ejemplo, funcionan a la perfección como elementos visuales de separación y agrupación de zonas de forma sencilla.