Paletas cromáticas II: Cómo conseguir una atmósfera a través del color. El manejo y el significado del color en decoración.

Seguimos analizando las tonalidades que podemos utilizar para decorar una habitación.

En el último post vimos como a través de las tonalidades que elegimos para un espacio conseguimos crear una atmósfera o ambiente concreto. Es muy importante saber elegir una paleta cromática en función de la habitación.

 

Rojos:

 

Así es este color, el que domina en un conjunto sobre cualquier otro. Jamás se subordina. Es el tono de las emociones, del ardor, de la pasión y de la fuerza vital. Decorar en rojo es decorar con valentía, aunque si nos descuidamos puede llegar a ser enervante con mucha facilidad. El rojo es el color más cálido y fuerte del espectro. Por eso, para la mayoría, resulta excesivo y sobrecogedor en salones y habitaciones bien iluminadas. En cambio, se adapta mejor en espacios más restringidos y que reciben menos luz, como baños o comedores puntuales. También en los recibidores, dónde ofrece una agradable sensación de bienvenida. Los tonos del rojo pueden ir desde el magenta al amapola, pasando por el carmesí, el rojo puro y profundo o el burdeos y el bermejo.

 

Combinarlo y apaciguarlo con blanco siempre es una buena elección y de su convivencia salen ambientes frescos, alegres y modernos. Esta pareja resulta muy recomendable y efectiva para cuartos informales y divertidos, como los infantiles. Los rojos más oscuros, como el borgoña, combinan bien con un azul marino, un verde oscuro, un turquesa, un arena, un oro viejo o incluso un amarillo mostaza.

 

 

Verdes:

 

Este es, por excelencia, el color de la naturaleza. El tono más relajante de la paleta cromática. Una habitación en la que predomina el verde garantiza un ambiente desahogado, apaciguador y sosegado donde las maderas y los matices vivos que añadamos destacarán sin provocar demasiado contraste. Es un color muy apropiado y muy recurrido en la decoración pero yo recomiendo casi siempre combinarlo con algún otro que lo haga vibrar, que lo levante, si la tonalidad de éste no lo hace por si sola. ¿Por qué? Pues porque corremos el riesgo de que, en exceso y soledad nos relaje demasiado, nos apague e incluso desmotive en determinados momentos. Sus tonos y múltiples caras van desde los pálidos manzana y menta, los opacos musgo y selva tropical, hasta el intenso verde botella y los brillantes jade y esmeralda.

 

 

Rosas:

 

El rosa en todas sus variantes y graduaciones, es luminoso, fresco, juvenil y, sobre todo, muy muy romántico. Transmite relax emocional y emociones suaves, amables y profundas… El rosa es un color bondadoso que, desde antaño, se asocia a lo femenino y delicado. Sus tonos van desde los luminosos pastel y rosa yeso (casi neutro), hasta el granada y el coral, pasando por el rosa pardo o el frambuesa. En decoración, los esquemas en rosa proporcionan vitalidad y femineidad. Es una gama que puede funcionar muy bien en dormitorios y que es, sin embargo, algo más arriesgada en salones. Además, para que no resulte demasiado insípido requiere de la presencia de otros colores y tonos que endurezcan su matiz. El verde es su complemento perfecto y salpicándolo con toques de azul o amarillo la combinación que conseguiremos también será agradable y acertada.

 

 

Naranjas:

 

Es uno de los colores más cálidos que podemos encontrar y posee un especie de poder hipnótico al que cuesta resistirse. Resulta divertido, extravagante y descarado. La fuerza y potencia del naranja producen un sentimiento placentero en el que mira y anima los sentidos de cualquiera. Este color tiene, además, un efecto estimulante sobre las personas más tímidas e indecisas y su tonalidad nos evoca siempre a momentos placenteros que nos gusta recordar: un atardecer o el fuego de una chimenea, por ejemplo… El naranja nos transmite alegría, energía, juventud, frescura y mucha velocidad y dinamismo. Aplicado en espacios interiores se consigue el mismo efecto, aunque bien es cierto que en exceso -como todo- puede llegar a agotar. Basta con un par de toques en este color para dar chispa a todo un gran espacio y conseguir un efecto de descarga al entrar en él. Por eso, como sucede con los rojos, es un tono que funciona especialmente bien en dormitorios y cuartos infantiles y juveniles.

 

Blanco y negro:

 

Nunca dos opuestos han encajado mejor. El blanco, que refleja toda la luz y que es la suma, la síntesis, de todos los colores, amplia la sensación de espacio y otorga luminosidad a un interior. Psicológicamente (aquí, en Occidente) aporta calma, pureza y sensación de relax. El negro, en cambio, simboliza todo lo contrario. Es la ausencia de color, el denominado “no color” (los absorbe todos) y también se asocia a la nobleza y la elegancia. Juntos tienen la capacidad de crear ambientes tan equilibrados y certeros cómo como elegantes y, eso sí, mucho menos arriesgados. El término medio entre ellos, el gris, aporta a un ambiente un efecto compensador. Iguala, deja a cada color sus características propias sin influir en ellas y neutraliza los contrastes violentos entre colores complementarios, por ejemplo.